lunes, 9 de noviembre de 2009

Demasiado valiente.



Sentado en los acantilados. Me encontraba solo, totalmente solo. Los últimos rayos de sol despuntaban por la montaña, creando así un cielo rojo; perfecto para la situación.
Todavía tenía los ojos llorosos, aunque no había llegado a llorar. Pero tenía todo el cuerpo dolorido. Me miré en el costado y tenia todavía una pequeña raja. Pero no me importaba. Es más, ni siquiera me importaba que me hubieran marcado para toda la vida en mis escasos años de vida. Me había ido descalzo hasta allí y sin ni siquiera una camiseta. El frío me cortaba la cara y hacía que todo el cuerpo se me estremeciera, pero los rasgones en la carne de mis pies, me hacía olvidarme de todo ello.

Alrededor de un kilómetro me separaba de aquella playa fatídica. Doscientos metros mas al este; vivía yo y mi... amigo (?). Pero él merodeaba aquellos lugares por los que yo andaba, buscándome. Pero aquel sitio era difícil de alcanzar. Por lo menos para alguien que no lo conoce.

Me pude quedar allí horas y horas. Me dormí entre pesadillas. Hasta que la marea subió y me mojó los pies, y, a causa del dolor que me produjo la sal, me desperté sobresaltado y volví a mi casa pensando en que la vida era una mierda. Pensamiento erróneo.

Siempre hay que mirar hacia delante, me decía yo mientras lleagaba a casa. Pero cuando volví, no pude mirar hacia delante; no por otra cosa sino porque de la paliza que me dieron al llegar, mas bien no podía ni mirar.

No le iba a contar a nadie lo que me había pasado. Y así ha sido inclusive hasta dia de hoy. Y siempre.

LLegué a la oscuridad, soledad y silencio de mi cuarto. Puedo asegurar que son las cualidades mejores de aprevechar de la naturaleza en la ciudad.
Cogí aquel pequeño machete que me había regalado mi abuelo cuando era pequeño y me corté la mano.

No, no quería suicidarme.
Suicidarse es de cobardes.

Me corté la palma de la mano y me juré sobre mi propia sangre que viviría por una persona de la que estuviere enamorado de verdad. Me juré que jamás miraría atrás. Me juré que la vida iba a vivirla pasara lo que pasase.

Y así es. Simpre encuentro un motivo para sonreir. Unas veces tardo más que otras; sin embargo, siempre la encuentro.

Pero, nunca pensé que perder la virginidad sería tan... duro.



Vampire kisses

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